Archivo de Febrero 2008

Schilling nuestro Torquemada

Febrero 23, 2008


Rubén Andino

Hace unos días he leído con estupor que el Secretario General del PS, Marcelo Schilling, ha solicitado la expulsión del Presidente del Regional América del partido, compañero Esteban Silva, como respuesta a una supuesta declaración de adhesión a Ollanta Humala que habrías suscrito a nombre del Partido Socialista de Chile.

¡Que es esto! ¿Una caza de brujas al estilo de los fanáticos religiosos puritanos (ancestros de Georges W. Bush) o parte de una Guerra Santa a favor del pensamiento único?

Cualquiera sea la respuesta, el acto es repudiable y desde mi punto de vista sólo constituye una maniobra de “guerra psicológica” en contra de voces disidentes a la actual mesa del partido, que de esta manera pretende ocultar el fracaso de su gestión.

Pensé que el estalinismo estaba bien muerto y sepultado, pero parece que cada cierto tiempo resucita en cuerpo y espíritu, encarnado en personajes como Schilling, que todavía no se da por enterado de que la libertad de expresión es un derecho humano fundamental y que el disciplinamiento no es el mejor mét0do para resolver las diferencias políticas.

Nuestro peor enemigo es el desaliento

Febrero 4, 2008

Rubén Andino
Durante 18 años, más de los que Chile estuvo bajo la bota de Pinochet, el país ha estado embarcado en una transición interminable hacia una democracia sin fin. En 1988 derrotamos al dictador en el plebiscito con el que pretendía perpetuarse, y en 1989, bajo el eslogan “La alegría ya viene” logramos que Patricio Aylwin se convirtiera en el primer Presidente de la transición.

La mística inicial de aquella compacta coalición política creada a partir del sentimiento democrático de la mayoría del pueblo chileno permitió que sucesivamente fueran electos otros tres mandatarios: Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, que convirtieron a la Concertación en el pacto más longevo de la historia nacional.

Pero cada vez es más difícil para los candidatos concertacionistas invocar los títulos democráticos para lograr el apoyo ciudadano; y de manera paralela, la derecha, comprometida con un pasado dictatorial se ha camuflado detrás de una careta democrática que le ha permitido acrecentar su fuerza electoral ante la ausencia de una alternativa viable de cambio.

Ambos discursos se han mimetizado, porque la lógica económica neoliberal ha calado hondo en el pensamiento y la acción de la Concertación y el discurso democrático ahora es parte del cuerpo ideológico de la derecha. Para el ciudadano común y corriente es difícil distinguir quien es quien, porque los planteamientos de uno u otro difieren solo en matices. El punto de fusión ha llegado a través del “bacheletismo aliancista” del precandidato de la UDI Joaquín Lavín y de la imagen de las manos levantadas con la derecha por el acuerdo para reformar la Ley de Educación, de la que quedaron excluidos estudiantes y maestros.

Sergio Aguiló arremetió hace unos años con su documento “Chile entre dos derechas”; en el que además denunciar este mimetismo entre la Alianza y la Concertación, proponía abrir nuevos caminos para salir de la parálisis política de esta democracia estática. Como ha señalado Jorge Arrate, con evidente ironía, “la transición terminó en lo que terminó”; es decir, en una democracia incompleta, raquítica, más aparente que real.

El tema de la desigualdad ha estado en el debate de las campañas presidenciales desde el 90 en adelante. Prácticamente todos los presidentes electos desde entonces se han propuesto enfrentarla, sin que hasta ahora podamos salir del triste récord de ser el segundo país más desigual del Continente Americano después de Brasil y uno de los diez países con la peor distribución de la riqueza de todo el planeta. Parece mucho para un país que ha tenido cuatro gobiernos sucesivos con un rótulo de “centro – izquierda”.

Como decía el escritor argentino José Hernández por boca de su inmortal gaucho Martín Fierro, “no hay tiempo que no se acabe ni tiento que no se corte”. Pero agregamos que para que el tiento se corte, alguien tiene que cortarlo y ello se sustenta al menos en tres premisas: un programa coherente y realista de cambios, una fuerza social y política que sustente ese programa y un líder que lo represente.

Las propuestas comienzan a esbozarse desde diferentes actores, dentro y fuera de la Concertación, en todas las fuerzas políticas extraparlamentarias y en los movimientos sociales, partiendo por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), aunque todavía sin constituir un sistema de ideas que cristalice en un programa.

Los actores políticos y sociales están todavía dispersos, aunque comienzan a articularse bajo el concepto Unir Fuerzas y tenemos con Jorge Arrate una buena carta para representar un proyecto de ampliación de la democracia con impronta de avanzada social.

La mayor desafío para este proyecto será romper el desaliento, la pasividad, la desconfianza y la incredulidad de millones de personas que creen que de un futuro gobierno sólo podemos esperar variables de lo mismo y que como dice mi madre, “da lo mismo Chana que Juana”. La respuesta sólo puede venir de aquellos que creemos que otro Chile es posible.